viernes, 15 de enero de 2016
El misterio de Schoenstatt - Una reflexión sobre la Alianza de Amor Padre J. Kentenich
...Ser mensajero del misterio de Schoenstatt
Tiene un tono más sencillo y simple: Madre tres veces Admirable, transfórmame en un mensajero del misterio de Schoenstatt.
Si han comprendido acertadamente el misterio de Schoenstatt, saben que sobre Schoenstatt están escritas, con letras de fuego, las palabras: ¡Nada sin mí! Schoenstatt no ha surgido solamente de la gracia, sino que se hizo, como probablemente no haya sucedido del mismo modo en ningún otro lugar de peregrinación en el mundo, conscientemente, por la colaboración de los portadores del misterio. ¡Nada sin mí! Lo sé, y por eso trato de penetrar profundamente en el mundo.
¡Nada sin mí! Yo sé que un fuerte torrente de gracias fluye hacia nuestras tierras, y no sólo hacia la tierra alemana sino mucho más allá. Aún resuena en nuestros oídos la canción que hemos escuchado durante la celebración: "No hemos muerto, aún vivimos, vivimos en Rusia, vivimos en el aire, vivimos en el mar, vivimos en Francia, vivimos en Bélgica..."
¿Comprenden lo que quiere decir: nada sin nosotros? Son tareas. Nosotros debemos ser mensajeros. Schoenstatt no se ha hecho sin la colaboración vigorosa, desprendida y heroica de los primeros portadores. Y Schoenstatt no debe seguir construyéndose sin nosotros. Por lo tanto: Madre tres veces Admirable, transfórmame en mensajero de tu gran misterio de Schoenstatt. Te quiero anunciar. Quiero anunciar tu misterio por medio de mi ser. Quiero encarnar el misterio de Schoenstatt hasta la punta de mis dedos. Entonces anunciaré el gran misterio. ¡ Hazme mensajero de tu misterio!
Pensamiento final
Así nos arrodillamos. Nos arrodillamos espiritualmente.
Madre tres veces Admirable, déjame penetrar hondamente en la compresión de nuestro misterio de Schoenstatt.
Madre tres veces Admirable, hay que yo sea la personificación del misterio de Schoenstatt, ya sea como miembro del séquito o como dirigente de un gran séquito.
Madre tres veces Admirable, haz que yo sea un mensajero del misterio de Schoenstatt, en todos aquellos lugares donde, de algún modo, me conduzca la tarea.
Me parece que ahora deberíamos concluir esta hora santa. Queremos que sea una atmósfera santa, una atmósfera de Santuario, el espíritu del Santuario, el que atraviese y penetre nuestra pequeña comunidad. Y casi creo que podemos tener la esperanza de que al final de nuestra celebración nos sobrevenga algo semejante al Pentecostés de la Madre de Dios. Allí vemos también a hombres sencillos reunidos en torno a la bendita entre las mujeres. Vemos cuán desamparados eran, hombres inestables, superficiales, infrahumanos, inhumanos. El Espíritu de Dios se derrama sobre ellos.
Entonces irrumpe algo en sus almas. Son transformados. Y reciben las cualidades que recientemente he nombrado. Surgió en ellos la nueva creación. Así parten para conquistar, como dirigentes, el mundo para Cristo, para el Dios Trino.
Platica del 10 de diciembre de 1933
P. J. Kentenich.
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