Pero si ustedes quieren saber el origen de este anhelo, me parece que puedo manifestarles una secreta idea predilecta. San Pedro, después de haber contemplado la gloria de Dios en el Tabor, exclamó arrebatado:¡Que bien estamos aquí!¡Hagamosaquí tres tiendas!. Una y otra vez vienen a mi mente estas palabras y me he preguntado ya muy a menudo: ¿Acaso no sería posible que la Capillita de nuestra Congregación al mismo tiempo llegue a ser nuestro Tabor, donde se manifieste la gloria de María? Sin duda alguna no podríamos realizar una acción apostólica más grande, ni dejar a nuestros sucesores una herencia más preciosa que inducir a nuestra Señora y Soberana a que erija aquí su trono de manera especial, que reparta sus tesoros y obre milagros de gracia. Sospecharán lo que pretendo: quisiera convertir este lugar de gracia, para nuestra casa y todala Provincia alemana y quizás más allá.(...)
No se preocupen por la realización de su deseo.
Ego diligentes me diligo. Amo a los que me aman. Pruébenme primero por hechos que me aman realamente y que toman en serio su propósito. Ahora tienen para ello la mejor oportunidad.
Según el plan de la Divina Providencia, debe ser la guerra europea un medio extraordinariamente provechoso para ustedes en la obra de su propia santificación. Es esta santificación la que exijo de ustedes. Ella es la coraza que tienen que ponerse, la espada con que deben librar a su patria de sus enemigos extraordinariamente poderosos, y ponerla a la cabeza del viejo mundo.
(Acta de Fundación,18,10. 1914)
P. José Kentenich.
del LibroLa Historia del Padre Kentenich
Textos Autobiográficos
P. Juan Pablo Catoggio

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